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Cómo hacer grata una experiencia ingrata

 (Published in El Nuevo Dia Orlando Newspaper, 16 noviembre de 2007)

 

By Doris L. Omdahl, LMHC, RPT-S

Licensed Mental Health Counselor

Registered Play Therapist

Todos hemos oído el refrán “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Sin embargo, no todas las personas se aferran a él. Es muy común ver a gente que entra en dilemas, pues siempre deja para el final algún proyecto importante, alguna actividad esencial, ya que no se sienten motivados a hacerla.

El ser humano se siente atraído hacia lo que le gusta, y rechazado por lo que no le gusta. El problema es que todos nosotros, tarde o temprano, tenemos que llevar a cabo cosas que no nos gustan. En general, el hombre lidia con esta situación, dejando la tarea que no le gusta “siempre para el final”.

Así, si hay un proyecto en el trabajo que fue asignado hace tres semanas, pero no se siente motivado, lo hará la noche anterior, lo que causa un tremendo estrés. Algunos ejemplos de actividades que no nos gustan hacer, y siempre dejamos para el final son: limpiar la casa, planchar, arreglar los roperos, limpiar la heladera, separar la ropa que usamos de la que podríamos regalar, etc.

¿Cómo podemos motivarnos para poder hacer lo que no nos gusta, sin necesariamente dejarlo siempre para el final?

Es importante hacer una lista de las cosas que sí nos gusta hacer. Esta lista puede incluir cosas como: ir de compras, mirar un programa favorito en la televisión, llamar a nuestra amiga querida, ir al cine o al teatro con algún amigo. ¿Para qué esta lista? Pues podemos usar cada una de estas actividades como un motivador, es decir como una recompensa, cada vez que terminamos una de las tareas que no nos gustan. Así, si hoy quiero limpiar la heladera, pero no me siento motivada para hacerlo, me puedo decir a mí misma: “si limpio la heladera hoy, mañana voy de compras”.

Si no me siento motivada a ordenar el ropero, pero se está cayendo de lleno y desorganizado, puedo motivarme a mí misma diciéndome: “si hoy de tarde ordeno el ropero, hoy de noche miro mi programa favorito en la televisión.”

Esta técnica precisa de dos elementos para que funcione. El primero, es la persistencia: no dejar de hacer la actividad que no nos gusta, hasta que la terminemos. Así esté cansada de limpiar la heladera, no puedo dejar la tarea hasta terminarla.

Segundo, la técnica precisa disciplina; es decir que no puedo tener la recompensa si no he cumplido el requisito. La disciplina es importante, pues no existe “supervisión” de nadie fuera de mí mismo, para decirme que termine la tarea. O sea, que yo soy la que me superviso a mí misma. Una vez que nos sintamos cómodos con esta técnica, la utilizaremos más a menudo. Sería importante, una vez que la dominemos, que se la enseñemos a nuestros hijos, ya que es esencial en el manejo del tiempo y la organización.