By Doris L. Omdahl, LMHC, RPT-S
Licensed Mental Health Counselor
Registered Play Therapist
Una relación amorosa se define como una relación íntima entre dos personas. La relación puede ser formalizada a través del matrimonio, o ser informal, como un noviazgo.
Si consideramos la relación matrimonial, dos seres humanos están unidos por una promesa de permanecer juntos, en “las buenas y en las malas”, en salud o enfermedad, y en prosperidad o en pobreza. A pesar de esta promesa, un porcentaje alto de matrimonios se desintegra, porque o uno de los miembros termina con la relación, o los dos se ponen de acuerdo en terminarla. Por lo tanto decimos que una relación amorosa termina, cuando los dos integrantes de la pareja deciden dejarse mutuamente, pues están de acuerdo en que no son el uno para el otro, que no se llevan bien, que se pelean demasiado, o que no tienen mucho en común.
Una relación amorosa también termina cuando una de las personas de la pareja decide todo esto, pero unilateralmente. En este caso, el problema es más serio. La persona que decide separarse está en control de la situación; ella está emocionalmente más adelantada que la otra, pues ya pasó por muchos sentimientos, mientras tomaba la decisión de separarse o divorciarse. Esta persona tuvo más tiempo de considerar y asimilar la separación, de visualizarla, y de jugar con ella en su mente.
Por el contrario, la persona que recibe la noticia de que su compañero la o lo quiere dejar, está en "shock". Por lo general, la persona que se deja, no tenía idea de la situación; no se la esperaba, y se siente completamente abandonada y rechazada. Es muy común que en esta situación, la persona desarrolle síntomas de depresión y de ansiedad, y que al principio use la negación como mecanismo de defensa. O sea, se convence a sí misma de que esto no está ocurriendo, que su novio/a o esposo/a no la puede estar dejando; que tal vez es una broma o que lo entendió mal. Con el tiempo tendrá que aceptar la realidad de la situación.
¿Cómo enfrentar este problema? La persona abandonada tiene que recordar que una relación amorosa no puede funcionar, a no ser que los dos integrantes quieran estar en ella. No se puede forzar a alguien para que se quede en la relación. La persona abandonada también tiene que recurrir, para mejorarse, a algún soporte emocional del que pueda depender, pues sus sentimientos de ira, angustia, depresión, y ansiedad pueden ser muy intensos. Si este soporte emocional no está disponible, sería conveniente que la persona buscara consejería.
La persona dejada por su pareja no puede mejorarse, hasta no completar el proceso de duelo, en el cual llora a su compañero/a como si se hubiese muerto, y pasa por etapas que incluyen negación, ira, y aceptación.