By Doris L. Omdahl, LMHC, RPT-S
Licensed Mental Health Counselor
Registered Play Therapist
Todos hemos escuchado a, niñas pequeñas decir “no veo la hora en que tenga 15 anos, así me puedo maquillar”o “me muero de ganas de tener 12 anos, pues mi mama me dijo que a esa edad, puedo usar zapatos de taco alto”. En caso de niños varones, también hemos escuchado deseos de ser mayor “cuando tenga mi propio auto, le pondré ruedas bien grandes”; o “apenas me crezca la barba, me la dejare crecer bien larga”. También hemos oído conversaciones como “cuando tenga trece anos, podré salir con un chico”, o “cuando tenga 11 anos, tendre un celular”. Estos comentarios nos muestran que los jóvenes quieren crecer muy rápido, pues evidentemente están viendo los “beneficios” del ser grande, o mayor.
También hemos escuchado a adultos de cuarenta, y cincuenta anos, decir “ah!!! Si pudiera empezar de nuevo, haría las cosas tan distintas!!!”, o “si tan solo fuera un poco mas joven…”o “si tuviera la energía de antes…. “ Estos comentarios nos muestran que llegados a cierta edad, el Tiempo ya no nos sobra, sino que más bien nos falta, para todo lo que todavía queremos hacer.
De jóvenes, miramos hacia atrás, y no vemos mucho; todos los sueños, retos, aventuras y deseos, se encuentran en el futuro; en el tiempo que va a venir; en el devenir. Sin embargo, cuando somos adultos ya maduros, miramos hacia atrás y vemos una Historia, a veces larga, con capítulos a veces dolorosos, y a veces alegres, que nos acompaña en el presente y esta siempre con nosotros, y hasta nos define e identifica quienes somos. También cuando somos adultos maduros y miramos hacia adelante, no vemos ya la potencialidad que veíamos antes, pues sabemos que somos “finitos”, y el tiempo no nos sobra.
Que paso desde los 15 a los 35? ¿Dónde se fueron esos anos?? Es que estuvimos tan ocupados formando una familia, dedicándonos a los hijos, creciendo profesionalmente, adquiriendo bienes materiales, que nos olvidamos de “vivir”, en el pleno sentido de la palabra? Es como si, tratando de acaparar el tiempo lo mas eficientemente posible, nos olvidamos de vivir el presente. Siempre preocupados por el futuro, el presente paso desapercibido, mezclándose con el posible futuro hasta que nos detenemos un día a pensar: ” Por que estoy corriendo?” En ese momento es que nos damos cuenta que tenemos mas pasado que futuro, y nos entra la ansiedad. Ansiedad de no poder alargar el tiempo, de no poder recuperar el tiempo perdido, de hacer lo que realmente nos gusta, de lograr metas personales que hemos estado posponiendo por anos. Es aquí que también nos preguntamos: ” Tendré tiempo de lograr mis objetivos en esta vida, objetivos que no necesariamente tienen que ver con dinero u objetos personales, sino con satisfacción interior?
Para poder contestar esa pregunta, es necesario que, mientras vivamos, nos estemos constantemente cuestionando nuestras metas,y estemos siempre al tanto de nuestras prioridades. Las prioridades deben re-evaluarse cada tanto, así estamos seguros que cuando llegue el “futuro”, tan ansiado, o tan temido, no tengamos nada de que arrepentirnos.