By Doris L. Omdahl, LMHC, RPT-S
Licensed Mental Health Counselor
Registered Play Therapist
Muchas veces los padres de niños pequeños, se sienten confusos y frustrados, ante el comportamiento no apropiado de sus hijos preescolares. Los padres no saben muy bien si deben establecer un castigo, escuchar al niño, hablar con él, o preguntarle ¿qué le pasa?
Imaginemos al niño que llega de la escuela de mal humor, no saluda, tira la puerta y se va para su cuarto tirando en el camino los zapatos y la mochila por cualquier lado. Los padres, medios enfurecidos y medios confusos, no saben muy bien cómo responder.
Ante una situación como ésta, debemos preguntarnos: ¿de quien es el problema?. Si la respuesta es “el problema es del niño”, nuestra actitud ante este comportamiento será distinta a si la respuesta es “el problema es de los padres”.
Cuando el niño llega de la escuela de mal humor, el problema es del niño. Seguramente algo ocurrió en la escuela, o en el bus, que lo puso furioso. En este caso, lo mejor que los padres pueden hacer, es actuar como si fueran un “espejo”, y reflejarle al niño sus sentimientos.
Los padres pueden hacer comentarios como “tuviste un día difícil….“ o “me pregunto que habrá pasado...” o “tus sentimientos están heridos”.
El hecho de que el niño tiró los zapatos y la mochila, es problema de los padres. Es decir, estos objetos están interfiriendo con el orden de la casa, y así tirados hasta pueden ser peligrosos. En estos casos, los padres pueden establecer una consecuencia para el niño. “Carlos, los zapatos tienen un lugar para ponerlos; o los sacas del corredor, o no los puedes usar mañana”. Así si el niño decide dejarlos tirados, los padres pueden sacarlos de circulación, y el niño es responsable por su elección y sus acciones.
Este tipo de consecuencias evita el castigo que trae aparejado gritos, peleas y daño a la autoestima del niño.
Por otra parte, cuando reflejamos los sentimientos del niño, en vez de hacerle preguntas (¿pero que pasó en la escuela, alguien te pegó? ¿fuiste al principal? ) este se siente más abierto para contarle a sus padres lo que pasó. También hay que recordar que cuando el problema es del niño, muchos padres se sienten tentados a resolverle el problema al niño. Pero ésta no es la mejor solución; el niño esta equipado para resolver su problema solo.
Cuando los padres actuamos como espejos y reflejamos los sentimientos del niño, ocurren varias cosas: el niño ve que alguien lo entiende; el niño entiende sus sentimientos mejor., y finalmente, está más abierto para hablar del problema, ya que sabe que lo entenderán.
Nunca es tarde para cambiar o mejorar nuestras interacciones con los hijos. Cuanto más practicamos estos nuevos métodos, más expertos nos hacemos. Comencemos hoy mismo, así la relación con nuestros hijos mejora y ellos se vuelven más responsables de sus acciones.