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Evite el estrés de las fiestas navideñas

 (Published in El Nuevo Dia Orlando Newspaper, 30 Noviembre de 2007)

 

By Doris L. Omdahl, LMHC, RPT-S

Licensed Mental Health Counselor

Registered Play Therapist

No podemos dar una definición única o concreta de lo que son las fiestas de fin de año, pues para cada uno de nosotros, representan cosas distintas. Algunos festejan las navidades, otros festejan Hannukah y otros no festejan nada.

Para algunos, las fiestas representan una oportunidad de ver a toda la familia, reunirse, y celebrar la ocasión con comida típica de sus países. Para otros, las fiestas representan una oportunidad de dar tarjetas a seres queridos, de decirles “gracias” por distintas razones, como por ejemplo “gracias por siempre estar allí para mí”.

En otros casos las fiestas son una oportunidad de obsequiar regalos, y demostrar que la persona es importante para nosotros, también son la ocasión de tomar vacaciones, de tener un respiro, de irse a algún lado, de aislarse temporalmente y pensar en las metas del futuro.

Queda un grupo más para quien las fiestas representan un intenso estrés, que incluye correr, hacer compras, cocinar, llevar algo rico al trabajo, donar cosas dulces en la escuela de los niños, comprar regalos, no sólo para la familia cercana, sino también para la lejana e invitar a familia, amigos y vecinos para la cena “perfecta” donde todo está planeado, y no falta nada; donde el mantel tiene diseños navideños, y los ornamentos están exactamente donde deben estar.

Si Ud. piensa que hay algo erróneo con este último grupo, tiene razón. Lamentablemente, muchos caen en esta categoría, y se agotan y cansan tanto, que ni siquiera disfrutan de la ocasión. Podemos darles a ellos algunos consejos: es necesario saber que las fiestas, incluso la cena, la comida y los regalos, no tienen que ser “perfectos”. Somos humanos, y como tales cometeremos algún error. No es el fin del mundo si le regalamos a nuestro sobrino un juego que ya tiene, o si el pan nos sale más tostado de lo que querríamos. Lo importante es mantener una actitud positiva, y recordar que eéstas son “fiestas” y no “un martirio” y, por lo tanto, debemos celebrar la ocasión, y no estresarnos hasta caer rendidos, de mal humor, y deseando que las fiestas terminen lo antes posible.

Aprenda a reírse de usted mismo. Es más probable que una persona recuerde una cena de Navidad donde hubo ciertos percances (se quemó el pavo, se cayó el vino, o se fue la luz…..), que una donde todo salió ‘perfecto” y no hay nada "cómico" o “único” que recordar.

Obséquiese a usted mismo aceptándose de forma incondicional. Si no tiene tiempo (o ganas) de ir a las tiendas haga regalos “caseros”; sea creativo; haga sus propias tarjetas navideñas y enséñeles a sus hijos a hacer lo mismo.