By Doris L. Omdahl, LMHC, RPT-S
Licensed Mental Health Counselor
Registered Play Therapist
Todos vivimos constantemente manteniendo un diálogo interno con nosotros mismos. Desde que nos levantamos por la mañana, hasta que nos acostamos por la noche, nos hablamos, nos hacemos comentarios de lo que está pasando a nuestro alrededor, nos agasajamos, nos insultamos, predecimos el futuro, revivimos el pasado, nos juzgamos a nosotros mismos y a los demás. A veces ni nos damos cuenta que estamos haciendo esto. Es un proceso muy sutil y la mayoría de las veces ocurre automática e inconscientemente.
Muchos de nosotros, en este proceso, tendemos a decirnos a nosotros mismos, lo que se nos dijo cuando crecíamos, especialmente lo que personas significativas para nosotros, como nuestros padres y maestros, nos decían. Así, si accidentalmente se nos caía un vaso de leche, y un adulto nos gritaba, de adultos, si volvemos a tener esa experiencia, es muy probable que reaccionemos de la misma manera que los adultos reaccionaron con nosotros cuando éramos pequeños, y que nuestro dialogo interno sea negativo.
Si estamos teniendo un día no muy bueno, es posible que nuestro diálogo interno sea algo así: “pero qué me pasa hoy? Cómo se me ocurre pasarme de la salida? Ahora tendré que manejar 20 millas más; a veces me pregunto si soy retrasado” o “ella no se enamorará nunca de mí, si sigo siendo tan tímido, y cada vez que me despido me pongo tan nervioso”o “seguro que no me darán el puesto a mí; metí la pata y respondí mal a todas las preguntas; nunca podré tener un trabajo mejor; soy un perdedor". Este diálogo negativo influye nuestra autoestima, y hace que no nos sintamos muy bien con nosotros mismos.
Afortunadamente, podemos aprender a cambiar éste diálogo interno negativo y transformarlo en uno más positivo. Así, si me equivoque en la salida de la autopista, puedo decirme a mí mismo “bueno, me equivoqué; es inconveniente, pero no es el fin del mundo; estaba distraído; mañana pondré más atención”. Ante mi timidez, podré decir “tengo que hacer algunos cambios en mi vida; tengo que empezar a tomar algunos riesgos y ser más directo con la chica que me gusta, si no nunca llegaremos a nada” y ante los comentarios después de una entrevista de trabajo, “me puse muy nervioso pero creo que algunas preguntas las contesté bien; la próxima vez debo acordarme de respirar hondo, para estar más tranquilo.” A medida que el diálogo interno se transforma en positivo, nuestra autoestima también aumenta.
Al cambiar los juicios que hacemos con nosotros mismos, estaremos cambiando cómo predecimos el futuro, y las intenciones de las personas a nuestro alrededor. Haciendo esto, el mundo donde vivimos se transformará en un lugar más ameno para vivir.