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El cielo es el límite

 (Published in El Nuevo Dia Orlando Newspaper, 15 Junio de 2007)

 

By Doris L. Omdahl, LMHC, RPT-S

Licensed Mental Health Counselor

Registered Play Therapist

Aquellas personas que tuvieron la oportunidad de participar de la graduación de uno de sus hijos, saben la tremenda emoción que se siente, al ver al graduado entrar en la Arena.  Es como si, en un segundo el sueno de tantos anos se hiciera realidad: “al fin llego el día!” Pero por otra parte, nos preguntamos: “dónde se fue el tiempo?”

Vemos a nuestros hijos entrar a la ceremonia con las togas celestes, y sus acompañantes sombreros; debajo de ellas hay corbatas para los varones, que ya son hombres, y zapatos de taco alto parra las niñas que ya son mujeres. Las togas, todas iguales, simbolizan lo que estos jóvenes tienen en común, por ese instante de la graduación.  Al verlos entrar, todos nos emocionamos; y creemos que nuestro hijo es “aquel” pero luego vemos que no, “ese” no es, es tal vez “este” de mas aquí. Todos se ven iguales al principio, ya que están vestidos igual. Siguen entrando, ciento de ellos, y nos preguntamos dónde esta el niño chiquito que empezó kindergarten hace 13 anos, donde está el niño que lloraba, que no quería hacer su tarea, donde están los amiguitos tan chiquitos que venían a la casa a jugar? Y la única respuesta que tenemos, es que “se los llevo el tiempo”. Que pasó con el pequeño que jugaba al football, y con el otro que le gustaba ver los dibujitos animados en la cama? Fueron absorbidos por el pasaje del tiempo?

Luego esta el discurso de los que se esforzaron, de los que se sacrificaron y llegaron a ser Valedictorian.  Allí ya empezamos a ver que a pesar del mismo color de toga, son todos diferentes, todos individuos con distintas personalidades, distintos objetivos, metas, sueños y pasado. Cada uno de ellos tiene un plan distinto en sus vidas.

Llega el momento donde se los llama y se les da  sus diplomas. Como padres, el orgullo es enorme; nos emocionamos y pensamos que todo eso valió la pena: las horas sin dormir, los fines de semana ayudándoles en sus proyectos interminables, las corridas a las distintas citas, las reuniones con los maestros, la  tutoría; todo fue importante y parte del proceso.

Pero lo más emocionante del todo, es cundo se termina la ceremonia, y los graduados se sacan el sombrero, y lo tiran  hacia arriba, al aire.  Eso simboliza cuan alto pueden volar; y que no  hay  limites en lo que emprendan , o que si los hay, el limite es el cielo.  Que lindo seria si, todos nosotros, actuáramos día a día, como si fuésemos “recién graduados”.....