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¿Qué hacer cuando los hijos no quieren estudiar?

 (Published in El Nuevo Dia Orlando Newspaper, 9 noviembre de 2007)

 

By Doris L. Omdahl, LMHC, RPT-S

Licensed Mental Health Counselor

Registered Play Therapist

Muchos niños hoy en día se niegan a hacer sus tareas escolares, o las hacen renegando, y peleando con los padres. ¿Cuál es la mejor manera de afrontar esta situación?

Primero que nada, debemos descartar un problema de aprendizaje. Muchos niños se niegan a hacer las tareas, porque son difíciles para ellos. Por ejemplo, cuando un niño tiene dificultades en matemáticas, por lo general, no quiere hacer sus tareas de matemática, y cuando le cuesta escribir, pospone las tareas que incluyen esta actividad.

Los padres pueden pedir una reunión con la maestra, para que esta sepa los problemas del niño en la casa. Al mismo tiempo, la maestra puede comunicarles a los padres si observa alguna dificultad en el aula, si ve que el niño no se concentra, o se distrae demasiado, si no termina su tarea en la clase, si le cuesta entender el material, etc.

Un problema de aprendizaje, por lo general, se detecta aplicando algunas pruebas y evaluaciones, y observando el comportamiento del niño en la clase. Si se determina que existe un problema de aprendizaje, la escuela tiene, por lo general, la obligación de desarrollar un plan de acción, que incluye maneras de cómo se ayudará al niño, a compensar sus problemas.

Si no se detecta una deficiencia de aprendizaje, podemos abordar la situación tratando de motivar al niño para que haga sus tareas. Hay distintas formas de hacer esto. Los padres pueden desarrollar una tabla que incluye los días de la semana y el comportamiento a medir, y se le puede dar al niño recompensas como calcomanías (stikers) cada vez que las hace sin protestar, y no se gana ninguna recompensa si pelea por hacer las tareas. Al final del día, si cooperó con sus padres puede, por ejemplo, mirar su programa favorito de televisión, y si no cooperó, no hay televisión.

Lo que los padres debemos evitar, es que esta situación se vuelva una guerra de poder, donde el niño llora y grita, y los padres también gritan, y lo amenazan con perder todos sus juguetes, con pegarle, o mandarlo a una escuela “militar”, porque se rompe la relación entre las partes.

Si los padres ven que no pueden cambiar esta situación solos, entonces sería importante que la escuela también se involucre, dándole ideas a los padres de cómo abordar la situación. En algunos casos la consejera de la escuela puede reunirse con el niño y hablar con el. En otros casos, cuando ese servicio no está disponible, los padres pueden buscar ayuda de un consejero profesional de niños, fuera de la escuela.

A medida que las peleas sobre las tareas escolares disminuyen, aumentará a calidad de la relación entre padres e hijos.