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Tiene mi hija un desorden de la alimentación

 (Published in El Nuevo Dia Orlando Newspaper, 15 Marzo de 2006)

 

By Doris L. Omdahl, LMHC, RPT-S

Licensed Mental Health Counselor

Registered Play Therapist

Maria tiene 14 años; está en la escuela intermediaria.  Un día se despierta, y toma una resolución.  Ya esta cansada que le digan “gorda”, “gordita”, “pipona” y que los menos refinados la llamen “barril sin fondo”.  Maria decide ponerse a dieta.  El único problema, es que su dieta estricta consiste en parar de comer.  Maria se va a la escuela sin desayunar; en el almuerzo dice que ya comió un buen desayuno, que está satisfecha, y se lo saltea.  Luego viene la cena en casa, y decide comer una ensalada bien pequeña, sin nada encima.

Naturalmente, Maria empieza a perder peso.  Sus compañeras de escuela le dicen que se ve mucho mejor, y hasta el chico que a ella le gusta, la saluda todos los días.  Maria esta feliz; al fin puede ponerse los jeans que usan “las flacas tan populares”.  Maria hace un esfuerzo fenomenal por no pensar en comida, pero su cabeza esta obsesionada con ello.  A pesar de que Maria vive con hambre, sigue restringiendo su alimentación, pues la recompense de “ser delgada”no tiene precio.

Cuando Maria va a alguna reunión familiar, donde le insisten que coma, lo hace a desgano, y luego corre al baño a vomitar, no sea caso que gane el peso que perdió.  Maria sigue obsesionada con la comida; sigue restringiendo sus alimentos, y sigue adelgazando.

Un día su familia se da cuenta que esta perdiendo mucho peso, que a pesar de estar más delgada, sigue con “su dieta”; los profesores piensan que hay algo “raro”, y sus amigas la ven con ojeras, cansada, y sin la capacidad de concentrarse.

Maria se toca los huesos de su cadera y se siente tan orgullosa!!! Pero ahora se mira al espejo, y se ve todavía “gorda”, y piensa que no es suficiente, que tiene que adelgazar más.

Maria está obsesionada con perder peso, y tiene una imagen distorsionada de su cuerpo.  Pero ahora esta obsesión es tan fuerte, que se transforma en un ente autónomo, que controla a Maria todo el tiempo; Maria ya no está en control de su dieta, ni de cuerpo, sino que la obsesión de perder peso la controla a ella.

Ahora los compañeros le dicen que se ve enferma; Maria se desmaya a menudo en la escuela, y la nurse la nota débil y desnutrida.  Los padres le ruegan que coma, pero Maria se resiste.  No solo Maria está demasiado delgada, ahora Maria está ansiosa todo el tiempo, pues cada vez que pone algo en su boca, tiene miedo de “quedar obesa”.  También Maria se siente deprimida, llora, esta débil, y perdió las ganas de vivir.  No puede disfrutar de ninguna comida en público pues ha desarrollado tantos rituales, que se siente avergonzada de que sus amigos lo sepan. 

Maria se aísla cada vez más; no sale, no come en público; si come vomita y no sabe como integrarse normalmente a la sociedad que la rodea.  Los padres tratan de ayudarla, pero ella se enoja, les grita y cada vez controla más lo que pone, o no pone en su boca.  Finalmente la familia se da cuenta que Maria tiene un desorden de la alimentación, y que precisa ayuda profesional.