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No pierda la cabeza

 (Published in El Nuevo Dia Orlando Newspaper, 17agosto de 2007)

 

By Doris L. Omdahl, LMHC, RPT-S

Licensed Mental Health Counselor

Registered Play Therapist

Todos hemos pasado en algún momento, por experiencias frustrantes que nos ponen de mal humor y furiosos.

Sin embargo, la mayoría no expresamos esa frustración ni rompiendo ventanas, ni pegándole a alguien, ni abusando de algún animal. Lo que hacemos tal vez es gritar, maldecir, poner la música a todo volumen, o llamar por teléfono a algún amigo o pariente para ventilar esos sentimientos de frustración.

El adulto fuera de control no sabe controlarse; la gente a su alrededor le tiene miedo pues su comportamiento es impredecible e inesperado. En un momento se ríe, luego grita, tira algo o culpa a su esposa por el incidente, etc.

Por lo general, el adulto fuera de control, nunca asume responsabilidad por su comportamiento; él cree que son los demás los que causan las situaciones estresantes.

Cuando el adulto fuera de control tiene un ataque de ira, biológicamente, lo que le ocurre al cuerpo, es que la sangre va hacia las extremidades (brazos y piernas), en vez de ir hacia el cerebro.

Por lo tanto el individuo siente ganas de golpear a alguien con sus puños, o pegar un puntapié con su pierna.

Como en esos momentos la sangre no va al cerebro, el individuo no puede pensar racionalmente. Todo lo que dice es impulsivo, sin pensarlo ni evaluarlo. Es por eso que en estas circunstancias, lo mejor que puede hacer la persona es respirar bien hondo, así el oxígeno irriga al cerebro nuevamente.

A medida que el adulto fuera de control va irrigando su cerebro, se va haciendo más racional y lógico, y puede que no sea tan explosivo.

Una de las características del comportamiento del adulto fuera de control es que su reacción no es proporcional al incidente que la causó.

Es decir que por un hecho pequeño el adulto reacciona de forma desproporcionadamente intensa. Para cambiar su comportamiento el adulto con este problema tiene que darse cuenta primero de lo que está haciendo. Eso no es posible, durante un episodio de ira, pero sí es posible cuando analiza retrospectivamente su comportamiento, y ve que lo que hizo o lo que dijo, no fue apropiado.

El adulto con este problema puede desarrollar un diálogo interno, que se pone en marcha cuando él siente que está a punto de perder el control. Por ejemplo, puede decirse a sí mismo "no es el fin del mundo", "no me tengo que poner furioso", "la ira no me llevará a ningún lado", "puedo mantener mi calma", etc.

Este diálogo interno lo ayudará a recordar que no debe perder la calma, y que seguramente el problema por el que está pasando, podrá resolverse.

Lo más importante para un adulto fuera de control, es ganar de nuevo su compostura, tranquilizarse, pensar racionalmente y tratar de solucionar el problema.

A medida que vaya practicando este nuevo comportamiento, la actitud explosiva irá disminuyendo.